Cruces y colaboraciones


La intención del proyecto es proponer un campo reflexivo abierto a otras disciplinas desde el arte. Consideramos como "cruces" a las reflexiones y prácticas que abren el sentido de las líneas de pensamiento que conforman este proyecto.



1. COLABORACIONES
1. a. Teresa Puppo, por Graciela Taquini 
1. b. Secretos, por Kekena Corvalán

2. CRUCES
2. a. La búsqueda/ Una deriva buscando rastros, por Teresa Puppo
2. b. Bitácora de un viaje a Córdoba/ recorridos y encuentros, por Teresa Puppo, Junio de 2015

3. ANTECEDENTES 

3. a. “Micaela se fue a Paris” video en homenaje a Micaela Guyunusa, Teresa Puppo, Montevideo, 2000
3. b. “Diálogo en Conexión", Teresa Puppo y Gabriela Larrañaga, Montevideo-Buenos Aires, 2005
3. c. “Secretos” tres mujeres junto al fuego entrelazan y revelan sus secretos, Graciela Taquini, Teresa Puppo y Gabriela Larrañaga, Montevideo, 2007 

 

1. COLABORACIONES


1. a. Teresa Puppo, por Graciela Taquini 

Conocí a Teresa Puppo gracias a Antoni Muntadas, cuando a fines de los años 90 viajé a Montevideo para asistir a una exposición. En ese momento, Teresa me comentó que viajaría  a Buenos Aires para asistir a un curso de curaduría y esperaba alojarse en el hotel del Centro Cultural Recoleta. Cuando llega a Buenos Aires se comunica conmigo porque aun no había conseguido el alojamiento. Como yo iba a viajar a Europa, impulsivamente le ofrecí mi casa para que se quedara esos días, y le propuse que de paso me cuidara departamento. Eso fue realmente una gran intuición. Cuando volví ella todavía no había podido ubicarse en Recoleta. Entonces compartimos, casi sin conocernos, varios días juntas. Eso fue definitivo, inmediatamente creció un vínculo entrañable tanto en las buenas como en las malas. La afinidad, la comunicación, hizo crecer un amor fraternal de perdurable lealtad. Sin prisa y sin pausa se fue dando un fluido constante entre Buenos Aires y Montevideo, ese Río de La Plata nos fue uniendo en una trama de constante afecto y empatía. Adoro su casa, especialmente su cocina alquímicamente prodigiosa. Toda su familia es parte de mi vida. Al mismo tiempo, desde el punto de vista creativo las dos estamos en la misma sintonía,  interrogándonos constantemente acerca de quiénes somos, de dónde venimos. Para ambas  nuestra existencia, nuestro acontecer son el motor y eje de nuestra práctica  artística. Teresa me encargó el texto curatorial de su  muestra en la Sala Subte, donde reflexioné sobre el simulacro. La invito a exponer en la Alianza Francesa y en  el Centro Cultural San Martín de Buenos Aires en la sección Mayo Uruguayo de la mega muestra Arte en Progresión. Un momento culminante de nuestra amistad fue el viaje que hicimos a fines del 2000 a Francia para la exposición Instants Video en el Centro Cultural Pierre Schaeffer en Montbeliard/Belfort, un acontecimiento histórico fundamental para la historia del Video arte Latinoamericano donde confluyeron los futuros protagonistas de la década. A la camaradería se unió una reflexión constante sobre nuestro rol como artistas y nuestro lugar en el mundo. Me resulta una escritora apasionante. Un verano nos unimos con Anabel Vanoni y  Ángela López Ruiz en Cabo Polonio para participar en una performance de celebración de Yemanjá la diosa del Mar. Allí, junto con Gabriela Larrañaga, que viajaba con  su hija Violeta que aun no caminaba, y a Dolores May, fuimos sacerdotisas de un culto ancestral durante una noche subyugante cuajada de estrellas. Como olvidar  la experiencia, otro día, de penetrar en el microclima del Bosque de los Ombúes  donde pudimos sentir la sacralidad de la Naturaleza. Anabel Vanoni, Gabriela Larrañaga, Teresa Puppo  y yo volvimos a hacer una obra juntas. Se trata de Vaivén, un video paseo por el agua como origen, en la que nos íbamos zambullendo, pero en la que jamás nos hundimos. Una metáfora de la vida y de la capacidad de resurgimiento.
Teresa, desde la influencia contemporánea de Cindy Sherman en ese momento, siempre mantuvo un interés especial en conectar a lo femenino con un principio mágico y mítico. De la pura representación emprende un testimonio sobre el fluir de la existencia con un blog pionero anterior a Facebook donde día a día desgrana el tiempo existencial desde sus acciones simples y cotidianas. Otra intuición de la que me enorgullezco fue unir a Teresa con Gabriela Larrañaga en un proyecto que se mostró en Estudio Abierto un evento que se hizo en el Apostadero Naval, frente al río. Como curadora, impulsé la creación de una obra  que ellas llamaron Diálogo en Conexión donde generaron  un proyecto en el tiempo donde el proceso creativo se iba testimoniando e intercambiando a través de mails y donde el tiempo en conjunto formaban parte de la creación. 
Algo fundacional fue el proyecto Secretos que Gabriela, Teresa y yo concretamos entre Buenos Aires y Montevideo, las Dos Orillas. Este video es, de alguna manera, la raíz y punto de partida de esta muestra en el Museo Zorrilla. Somos tres amigas intercambiando ambiguamente secretos de familia frente al fuego del hogar. Son secretos inconfesables, ocultos y tapados, que en última instancia son solo un Gran Secreto. Para Teresa este fue un camino a la precuela de su historia, al origen. Ella se encontraba atravesada por ese presente continuo de su blog. Otro recorrido interior a su memoria es el video Apolo 11 (2013), donde dialogan y se superponen el espíritu de la época con sus vivencias personales. En su obra actual Entrañable traza vectores hacia atrás y hacia delante. Se lanza al pasado, al enigma de su historia familiar que la enfrenta a la Historia, al Gran Relato colectivo. Su compromiso político, una constante en la memoria emotiva de su producción la conduce hacia  las venas abiertas de América Latina incrustadas en el carozo de su historia individual y la de su abuela. Teresa no teoriza sobre el papel de la mujer sino que desde su amor familiar hace presente a las  protagonistas mujeres de su árbol genealógico. A la vez emprende  un viaje al pasado, produce una narrativa inversa. Las féminas representadas son una epifanía atemporal, como esencias. Esta muestra no es simplemente una historia particular, más bien alcanza una dimensión universal, al mismo tiempo que subraya una condición americana, vivo testimonio de un intenso y reprimido  territorio común.

Graciela Taquini


Graciela TaquiniVive y trabaja en Buenos Aires. Profesora y Licenciada en Historia de las Artes, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Becas en la Universidad de Barcelona, MAE De Roma, Smithsonian Institution de Washington.
Profesora Consulta en la Universidad Maimónides Escuela de Diseño Multimedial. Fue Coordinadora de la Maestría de Curaduría en Artes Visuales UNTREF. Docente Seminario Curadurías Expandidas UNTREF.
Pionera en el campo del video arte y los nuevos medios como gestora, investigadora y artista. Curadora de muestras de arte contemporáneo,  tanto nacionales como internacionales.
Desde 1988 produce obra en video y nuevos medios. En 2011 realizó una muestra antológica de su obra en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta que se replicó en 2012 en el Espacio de Arte Contemporáneo de Montevideo. Ha obtenido los siguientes premios: 1984, Reconocimiento a la realización y difusión del Video Cultural; 2005, Primer Premio Video Brasil; 2005, Premio a la Acción Multimedia, Asociación Argentina de Críticos de Arte; 2009, Representó a la Argentina en La Bienal de la Habana; 2012, Diploma Konex, rubro Video Arte/ Konex de Platino; 2013, Premio Igualdad Cultural, Secretaria de Cultura de la Nación; 2014, Gran Premio Adquisición Salón Nacional de Artes Visuales.
Ha realizado libros y publicaciones sobre historia del video y los nuevos medios, incluyendo la Revista de la Academia y textos críticos para catálogos. Sobre su obra se han publicado diversos textos  escritos y está en colecciones de España y Argentina.

1. b. Secretos, por Kekena Corvalán

Cómo se hace eterno un secreto? Garantizando sus propias condiciones de encierro, en los vacíos afirmados, en los lugares donde la palabra es escamoteada de tal modo que queda viva con una violencia incontrastable. Secreto disuelto en las preguntas, tantas que el video plantea retóricamente y esto no es la figura del lugar común.
Retóricamente en tanto recurso de decir el recurso. Es un silencio que se pronuncia.

Decir a medias, decir sin decir, decir y desdecir, disimular su secreto en un decisivo olvido que se produce ni bien se abre la boca. Pero el secreto es un secreto conversado. El secreto es también en su origen el participio pasado de un verbo: secretar, lo segregado. Lo segregado es lo muerto vivo, lo vivo externado como una expiración. Tres mujeres sentadas frente al fuego segregan. Hay un primer plano de ropa limpia colgada. La labor femenina de lavar la ropa compartiendo la tarea. Los trapitos lavados y en el interior se queman las llamas. Frente a ellas estas mujeres dicen y callan al unísono. Es la heteroglosia pero del silencio, exacerbada, que lleva el acto de callar en el acto de proferir, quizás por aquella cita becketiana que apuntaría lo necesario que es seguir hablando aunque ya no quede nada que decir.

Los secretos dejan sus huellas y se ponen en evidencia. Si no supiéramos que existen no serían secretos. Para ello laboran estas tres mujeres, desde el texto tejido que hace y deshace y que fragmenta/esconde caras y orejas. Formas de decir y ser de ese cuerpo “contratado”, que se expresa a su pesar en el lenguaje, primer contrato social, permanente, definitivo. El secreto introduce una asimetría constante. Es la presencia de un fantasma: la persistencia de un deseo que se cristaliza en pocas palabras.

El secreto precisa ese deseo para hacerse desear, por ello se siembra en la negación y florece a medias. ¿Puede un secreto fragmentarse y dejarse entrever? Enunciado como aquello incomprensible, que sin embargo es dado, y así se sostiene, se confirma repetidamente y crea su sentido. El tiempo narrativo tensiona lo legible y lo visible. Nos es dado, a su manera, y lo que leemos no termina de ser. Como un Etant Donné, el secreto es “ella difunta, desnuda, en el espejo aún”, el secreto es el modo de transcurrir en el fondo del naufragio con algo inasible que nos constituye.

Me imagino el secreto de estas tres mujeres como este verso de Mallarmé: “ella difunta desnuda en el espejo, aún... en las nulidades que clausura el marco”. Ella difunta desnuda en el espejo aún, en el lenguaje que no la pronuncia: difunta, desnuda y segregada. Crepita el fuego y hay vidrios rotos que son barridos. El hogar prendido que enmarca la posible violencia de género.

Diferentes signos hacen asomar esta hipótesis. “No se habla de eso”, repite el texto, hablándolo a su manera. No hace falta tapiar la boca para garantizar el secreto. Basta con tapar los oídos. Todas las enunciaciones son como jirones de lo que apenas se quiere escuchar.
Kekena Corvalán

Kekena CorvalanLicenciada en Letras. Técnica Universitaria en Historia del Arte (UMSA, 2009).
Docente titular en la Universidad del Museo Social Argentino, de “Taller de Escritura”, “Historia del Arte Americano II. Siglo XX Latinoamérica”, “Historia del Arte Americano III. Siglo XX Latinoamérica”, “Arte Latinoamericano Contemporáneo”.
Docente adjunta de las asignaturas “Historia del Arte I”, “Arte y Medios de Comunicación” y “Práctica Profesional” en la Facultad de Artes.
Profesora en Middlebury College, Escuela Española (USA). Programa de Post Grado con sede en Buenos Aires. Dictando Arte Argentino y Latinoamericano.
Co-organizadora y programadora de FLAVIA: Festival Latinoamericano de Videoarte en sus cuatro ediciones.
Curadora de exposiciones en Caracas, Montevideo, Lima, Rosario, Buenos Aires
Jurado de selección Festival Cine con Riesgo; jurado de premiación del Salón Nacional de Arte Textil; jurado de premiación del IX Festival de Cine Independiente de Mar del Plata (MARFICI); jurado de selección para el premio Itaú de Artes Visuales edición 2013.
Visionadora de portfolios de fotógrafos latinoamericanos para PhotoEspaña.

Algunas publicaciones:

“Aproximaciones al tema de la memoria en el videoarte: el tiempo como espacio en las instalaciones de Silvia Rivas”. Revista Conceptos, Universidad del Museo Social Argentino. 2013.
“Diana Dowek: la pintura es un campo de batalla”, libro/investigación sobre la obra de la pintora argentina realizado con el financiamiento de la Fundación Krasner Pollock, USA, 2011-2012. Editado por Asunto Impreso.
“Utopía y documento: modos de reescribir ficción y realidad en la obra fotográfica de Cristina Coll y Alessandra Sanguinetti”.
Artículo crítico. Encuentro de Crìticos y Curadores de Valparaíso, editado por PhotoEspaña. Madrid. 2012.
“Artistas Latinoamericanos: hacia una estética vincular”. Revista Conceptos, Universidad del Museo Social Argentino. 2012.
“Artistas latinoamericanas: un recorrido de diálogos conceptuales”. Libro. Artecubano Ediciones. Consejo Nacional de Artes Plásticas. La Habana. 2012. (Premio ALBA de Crítica y Teoría del Arte 2011).
“Sophie Calle, entre lo público y lo privado”. Cybertronic, N°7, UNTREF. 2011.
Escribe semanalmente en el portal cultural www.leedor.com


2LA BÚSQUEDA/ LOS ENCUENTROS


2. a. Una deriva/ buscando rastros
Teresa Puppo


Uno de los  cruces que surgió dentro de las líneas de investigación del proyecto fue considerar indispensable la posibilidad de realizar un viaje a Córdoba, a buscar un rastro. Realmente, ni Gaby ni yo  teníamos muy claro qué íbamos a buscar; pero en un principio la idea fue rastrear orígenes familiares y hacer un video con el registro del viaje. Tenía claro que el lugar era el sur de Córdoba, lugar de origen de los ancestros de mi abuela materna, nacida a fines de 1800 o principios de 1900. También cuna de la nación Rankülche. También zona adonde llegó el Ejército Nacional bajo las órdenes del General Roca,  quien lideró la campaña de aniquilamiento de los pueblos indígenas llamada la “Conquista del desierto”. (Fuentes historiográficas militares ubican el 31 de diciembre de 1917 como la fecha oficial de finalización de “la conquista del desierto del norte”  http://www.ejercito.mil.ar/dahe/historia/desierto.html).



Fragmento de (otro) diálogo en conexión, junio 2015
Teresa Puppo / Gabriela Larrañaga
Teresa Puppo: ¡Hola! Te mando el link a la bitácora del viaje, la escribí para el blog Entrañable… (2. b. *Bitácora de un viaje a Córdoba/ recorridos) Sabés Gaby, estuve en el seminario de filosofía presentando el video, contando lo que fue el viaje a Córdoba…
La charla fue muy buena, con muy buenos aportes. Hablamos mucho sobre la incertidumbre, de la certeza de la incertidumbre, te acordás, fue una frase que surgió luego de la charla con Claudio en Villa Mercedes, y también después de estar varadas en el aeropuerto de Córdoba, cuando nos encontramos con tu amiga… que durante la charla dijo algo así como que era bueno no tener tantas certezas…
Gabriela Larrañaga: ¡Sí, me acuerdo, Paula! Claro, lo dijo en el sentido de no tener tantas  certezas documentadas y legitimadas, como de ir por el mundo de una forma más libre, más a la expectativa,  de forma receptiva, creo que fue en ese sentido…
T.P.  Sí, fue en ese sentido…  Rosana dijo una cosa que me pareció súper importante, que el concepto de la certeza de la incertidumbre le rechinaba, que le sonaba a explicación, que hablar de incertidumbre implica dar una explicación, como excusarse de lo que vas a decir. Que ver el video solo, así como video y nada más, ya decía que sí había una certeza, que habíamos ido atrás de una certeza, de la certeza de la corazonada o de algo que no se puede traducir en palabras pero que fuimos atrás de una seguridad, de una historia que sabíamos que era así. Siempre lo supimos desde lo afectivo, desde ese otro lado que no es el positivista que necesita certificados y explicaciones científicas y posta para asegurar algo. Que ese algo lo sentíamos cierto desde el arte, desde la certeza que nos daba la intuición y que se concretaba en ese fluir del que hablábamos (les conté los encuentros en Villa Mercedes), que habíamos ido buscando algo que sí sabíamos que íbamos a encontrar, porque sí,  porque sabíamos que era así.
Y Rosana me hizo pensar mucho en las charlas que tuvimos vos y yo, cuando nos asombrábamos de que las cosas sucedieran sin trabas, sin tropiezos, de que todo fuera sucediendo como si hubiera estado planificado al detalle…  y también pensábamos que si hubiera estado planificado al detalle lo más probable hubiera sido que no se hubiesen dado todos los encuentros y coincidencias. Todo sucedía tal cual lo esperábamos, ¿no te parece? También, de cierta forma, hablar de la incertidumbre o de la no certeza surgió en el prólogo que redacté para la historia apócrifa. Lo que Rosana dijo “cuando decís algo, lo decís así como es, no tenés que darle explicaciones a nadie, a mí me suena que si hablás de la incertidumbre estás como dando explicaciones”, y ahí me di cuenta de que escribí eso como para decirle a mi familia "no se preocupen esto es una construcción…  o puede ser ficción... no hay certezas...”. Lo hablamos una vez, ¿te acordás? Y fue ahí que escribí ese prólogo.
Creo que también influyó que cuando volví del viaje, todos me preguntaban si había encontrado algo… si encontré lo que había ido a buscar a Córdoba, como si hubiéramos ido a buscar algo concreto, lo encontráramos y volviéramos con el hallazgo entre las manos… como quien va a pescar, ¿no? O pesca y trae pescado, o no pesca, y es un fracaso.
G.L. Claro, se nos exigen respuestas concretas, resultados tangibles, y qué poco tiene que ver esto con lo que para nosotras es el arte, porque sí sabíamos que esta práctica artística no es menos que otra, porque emprender un viaje o hacer una pintura siempre es un gran abismo basado paradójicamente en una gran certeza, siempre es una deriva.
T.P. Desde otro punto de vista creo que la incertidumbre la tenemos todos… no sé… ¿es algo que vamos a sentir siempre cuando nos ponemos a buscar? ¿Te parece? Lo que sé que es cierto es que fuimos sabiendo que íbamos a encontrar lo que encontramos...
G.L. Sí, eso que hablamos de sentir que habíamos estado como en otro mundo, en otro lugar, como si hubiéramos estado en otra dimensión… Donde las cosas fluyeron -tanto que lo dijimos muchas veces, sorprendidas- y ese fluir se dio porque teníamos la certeza. Pero una certeza sin certificados, sin papeles firmados, sin pruebas tangibles. Una certeza intuitiva, imaginativa.
T.P. En lo de Annabel me preguntaron qué era lo que había encontrado, pero no desde los certificados, sino desde el sentir... y sí sentí que había encontrado lo que había ido a buscar, sí sentí que era un lugar muy bello, sí sentí un montón de emociones y la sensación de haber llegado a ese lugar que buscaba, porque todo fluyó, y llegué, y vos me acompañaste, y también empujaste y te dejaste llevar...
G.L. Siempre supimos que el viaje no era muy  planificado, ¿no? convinimos en dejar fluir, si bien teníamos alojamiento reservado –en la ciudad de Córdoba- el resto era un ir hacia lo que deviniera.
T.P. Y siempre estuvimos seguras de que lo que iba a devenir iba a ser lo que buscábamos. 

2. b. *Bitácora de un viaje a Córdoba/ recorridos y encuentros
 Teresa Puppo, Junio de 2015
01 lunes/ Llamamos a un taxi y estuvimos en Aeroparque a la hora señalada. Felices de estar ahí, de comenzar un viaje tan esperado. No muy planificado, con Gaby siempre convinimos en dejar fluir, si bien teníamos alojamiento reservado –en la ciudad de Córdoba- el resto era un ir hacia lo que deviniera. Y seguras de que lo que iba a devenir iba a ser lo que buscábamos.
Llegamos a Córdoba  en un vuelo tranquilo, nos tomamos un taxi para ir al apartamento de Federico, a quien habíamos contactado por internet. Dejamos el equipaje y salimos (él estaba limpiando el apartamento que acababa de quedar libre). Nos fuimos a recorrer la ciudad, siguiendo las indicaciones que nos dio. Llegamos a la parte antigua, después de almorzar unos sándwiches en un boliche que encontramos al pasar y que nos despertó el apetito. Recorrimos la ciudad.



Más imágenes del lunes:




02 martes/ luna llena/ De mañana estuvimos en el Arzobispado, buscando datos de nacimientos, bautismos, registros de vidas y de muertes. Después de averiguar horarios de los pasajes a Villa Mercedes, donde teníamos planificada una entrevista con un investigador de la historia de los Ranqueles, el Profesor Pablo Ossola, decidimos salir el miércoles de mañana temprano, para poder contar con dos días enteros allá. La idea con la que íbamos (nuestro único plan) era quedarnos lunes y martes en Córdoba, miércoles y jueves ir al sur, Villa Mercedes, Río Cuarto, Laboulage, y el viernes de mañana volver a Córdoba, y de tardecita tomar el avión de regreso a Buenos Aires.
Ese día en Córdoba recorrimos museos, galerías. De paso, en las conversaciones nos íbamos poniendo de acuerdo con los pasos a seguir. Llegamos a la galería El gran vidrio, un descubrimiento. Caminamos mucho. Otro descubrimiento fue toparnos, de vuelta a nuestro apartamento, con el Centro cultural de la ex-cárcel de mujeres, donde estuvieron detenidas presas políticas durante la dictadura, Plan Cóndor vigente. Una plaza a la que llegamos por casualidad. 



Más registros del martes:
https://www.flickr.com/photos/135954685@N05/sets/72157658122105625


03 miércoles/Salimos de mañana temprano en un ómnibus para Villa Mercedes, ya con todo el equipaje. La idea era volver a Córdoba el viernes de mañana –para que ningún imprevisto nos impidiera tomar el avión de vuelta. El único tema complicado fue que había pocas opciones de autobuses, podíamos salir para Córdoba el jueves de tardecita y llegar a eso de las 4 a.m., o salir de Villa Mercedes a las 2:30 de la madrugada y llegar a las 7 a.m. Elegimos la última. Supusimos que iba a ser más simple quedarse hasta las 2 a.m. en Villa Mercedes, en algún boliche o en la terminal de buses, que llegar a Córdoba a las 4 a.m. sin un lugar a dónde ir. Teníamos que resolver qué hacer en Villa Mercedes hasta las 2 de la mañana, porque estábamos cansadas.
Al llegar a la Terminal nos enteramos de que había paro de transporte, aunque no paraban las líneas de viajes largos. Pero justo la compañía en que viajábamos nosotras se adhirió al paro, así que tuvimos  sin saber si íbamos a lograr llegar a nuestro destino ese día. Era un ítem fundamental, y eso podía arruinarnos los pocos planes que habíamos definido como importantes. Finalmente, de algún lado salió un autobús que iba a Villa Mercedes y no se adhería al paro y salimos en él a las 8 y pico de la mañana, al son de los bombos. El viaje fue largo, la ruta estaba toda cortada, la están convirtiendo en autopista.
Fue un viaje lindo, nos sentamos en la primer fila de la parte de arriba, con dos asientos para cada una. Teníamos una ventana panorámica al paisaje. Nunca había visto la llanura inmensa de la pampa. Dormimos un rato, pero poco. 
Llegamos a Villa Mercedes a eso de las 16 hs. Teníamos que buscar hotel, y por Internet no habíamos encontrado muchas opciones, y todas eran caras, o malas. Así que dejamos que un taxista charlatán nos llevara por los hoteles que nos aconsejó hasta elegir uno. Los baratos eran horribles. Elegimos uno intermedio, céntrico, y pagamos más que por el apartamento en Córdoba. Después de instalarnos, llamamos al Prof. Ossola, que nos citó para las 19 hs en su estudio. La entrevista fue muy interesante, estuvimos charlando como tres horas. Él nos sugirió que nos contactáramos con un baqueano conocedor de  los sitios de los Ranqueles, Daniel.  Gaby habló con él y aunque estábamos muy cansadas lo citamos a un restaurante del centro. Lo invitamos a acompañarnos en la recorrida por los lugares que nos había aconsejado visitar el Prof. Ossola. Pareció entusiasmado y aceptó ir con nosotras al día siguiente. 





04 jueves/ Nos levantamos muy temprano, yo quería filmar el Río Quinto con niebla,  y la niebla, si hay, se puede encontrar en los bajos, de mañana temprano y antes de que el sol caliente. Intentamos llamar un taxi. No logramos conseguir uno, el conserje del hotel estuvo un buen rato llamando pero todos los teléfonos de los fonotaxis estaban ocupados. Decidimos ir caminando, nos dijeron que el río estaba cerca, a unas 8 cuadras. Caminamos apuradas, la niebla, si está, puede desaparecer de un momento al otro. Cuando estábamos bastante cerca del río (el puente se veía a lo lejos), paró un taxi un poco más adelante, bajó una mujer y nos apuramos para tomarlo. Nos llevó a la otra margen del río, vimos un lugar que nos gustó, era un predio que tendría unos 300 metros de campo desde la carretera hasta el río, un edificio que estaba cerrado y no se veía gente. Nos bajamos con las cámaras y él fue a dar la vuelta por los accesos. Caminamos con Gaby unos 80 metros hacia el río, cuando sentimos ladridos, miramos y había un montón de perros (más de 10) que empezaron a pararse y a ladrar, y se venían hacia nosotras. Disimulando el pánico, los amenazamos con gestos, y nos retiramos caminando como si estuviéramos tranquilas, hacia la ruta. A medida que nos alejábamos, los perros volvían a sus lugares, más tranquilos. Subimos al taxi que nos llevó hacia un lugar que era público. Por fin bajamos, filmamos, un lugar muy lindo pero bastante contaminado visualmente. La niebla no llegó. Había un poco de bruma pegada a la superficie del agua.
Volvimos al hotel, a desayunar, bañarnos y encarar el día. Gaby habló con Daniel, el baqueano, y combinaron que nos encontrábamos en su casa, a las doce y media, para salir hacia el sur. Él se encargaba de conseguir el vehículo que nos llevaría.
Hicimos el check out en el hotel, dejamos el equipaje en la conserjería y nos fuimos hacia la dirección que nos habían dado, estaba a unas 10 cuadras del hotel, según los planos. Caminamos por unas calles, siguiendo el plano, hasta llegar a unas calles de tierra, parecía que se terminaba la ciudad. Pero no, en una esquina  vimos al Sr. Daniel con su mujer y otra persona. Cuando nos acercamos más vimos que era el taxista charlatán que nos había paseado por Villa Mercedes buscando un hotel. No nos gustó demasiado. 
Hasta ahí la internación al sur, a la frontera, al desierto. A un lugar que parece conservar la memoria, rastros, que imaginamos casi intacto, casi como era, sin huellas notorias de los ciento y pocos años que pasaron. El camino era zona de guadales. A el auto –que no era un 4x4- le costaba avanzar, se enterraba y patinaba.
Horas después estábamos de nuevo en Villa Mercedes, agotadas. Y nos quedaban todavía 8 horas por delante. Sin haber podido descansar, darnos otra ducha, tirarnos un rato en una cama. Y el calor. Fuimos un rato a trabajar a la sala, recibir correo, enviar correo,  internet, y enseguida decidimos dar una vuelta, comprar alfajores típicos para llevar de regalo, cositas. Y salimos, compramos algunas cosas, nos topamos con un lugar donde vendían unos alfajores muy recomendados y buscamos algún lugar acogedor para tomar un café, descansar y reponer fuerzas. El pronóstico más seguro de nuestro futuro inmediato era trabajar en la sala del hotel hasta las 2 de la mañana. Caminábamos buscando el café cuando sentimos una vos que dice “¡Teresa!”. Muy extrañadas, aunque ya nos guiaba una sintonía mágica, nos dimos vuelta y nos encontramos con una cara agradable, que nos explica quién es (Claudio, un contacto que había hecho desde Montevideo buscando datos de Villa Mercedes por Internet- pero que no nos habíamos visto nunca; quien nos puso en contacto con el Prof. Ossola). Claudio nos invitó a cenar, organizó un delicioso asado, nos pasó a buscar por el hotel, y de madrugada nos llevó a la Terminal de autobuses. Así finalizó nuestro viaje al sur de la provincia de Córdoba,  cenando con él, su mujer y uno de sus hijos. Fue un personaje indispensable en la búsqueda. 


05 viernes/ En ese viaje de vuelta, dormimos, dormimos, dormimos. Cuando llegamos a Córdoba, cerca de las 8:30 am (ningún autobús de los que tomamos cumplió con los horarios de llegada) decidimos dejar el equipaje en la Terminal dar una vuelta por la ciudad y pasar a buscarlo de paso al aeropuerto, para no depender de ese ítem, y fin del viaje. Y estar sábado y domingo en Buenos Aires, y procesar lo que pudiéramos. 
Salimos de la Terminal y fuimos hacia el centro, por un camino nuevo, que no habíamos hecho nunca, doblamos una esquina y pasamos por el costado de un hospital.  Lo miré, era un edificio muy deteriorado y seguimos caminando. A unas cuadras me acordé de las imágenes que había visto buscando información en Internet, claro, era el Hospital San Roque, donde nació mi madre. Como pensaba que estaba cerrado no lo tenía en la lista de lugares para visitar. Volvimos, entramos, recorrimos, saqué fotos. Seguimos caminando y un poco más adelante encontramos una calle, a un costado de la catedral, que estaba –parecía adornada con guirnaldas que la cruzaban de lado a lado.
Al acercarnos, nos dimos cuenta que las guirnaldas no eran guirnaldas, eran como pasacalles con fotos de personas, fotografías de desaparecidos. Nos quedamos impactadas, y entramos a un lugar que se llamaba algo así como “del Buen Pastor” y estaba frente a la Catedral de Córdoba.  Ahora está  convertido en un memorial de los desaparecidos durante la dictadura militar, ex-lugar de detención de presos políticos en Córdoba. Entramos, daba escalofríos. Estaba conservado como había sido encontrado. Tenía testimonios, fotografías, ropa, sudores, gritos, penas y masacres. Crueldades. Todo estaba ahí. Y todo era un paralelo con el genocidio indígena. Estuvimos ahí mucho rato, y salimos agobiadas, con sensación de encierro. Volvimos a la Terminal, rescatamos el equipaje y nos fuimos al aeropuerto en un taxi. Richard le había dicho a Gaby que en el aeropuerto de Buenos Aires había problemas, niebla, vuelos cancelados. La niebla convocada recién había llegado... Y había llegado a Buenos Aires, desde donde había sido convocada. Pero en fin, no hubo niebla en los registros.
Después entramos en un caos, vuelos cancelados, horas de colas esperando confirmaciones, gente impaciente y enojada. Al final, nos confirmaron en un vuelo al día siguiente, de tarde. Pudimos comunicarnos con Federico y tenía el apartamento disponible, así que volvimos, salimos a cenar como si fuera lo mejor que nos había pasado. El barrio donde estábamos está lleno de boliches y restaurantes. Cenamos en un lindo restaurante cerca del apartamento, comimos muy bien, después de días de sándwiches. Nos fuimos a dormir, cansadas.




Ver otras imágenes en:
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06 sábado/ Fuimos temprano al aeropuerto para que no hubiera imprevistos o para intentar solucionar los imprevistos que sucedieran. No hubo problemas, la niebla desapareció. Los vuelos se normalizaron.  Por fin, íbamos a salir hacia Buenos Aires. Buenos Aires, una ciudad que siento muy unida a  Montevideo. Cercana en la historia, en los afectos, en el aspecto. En Buenos Aires no me siento extranjera.

Imágenes del sábado:



Encuentros. La tierra arenosa, la vegetación nativa, los pastos secos, la laguna. Los árboles secos. Transparencias. Los pájaros que vuelan. Lugares sin tiempo.  El olor. Guadales. Las cámaras listas, registrando. Qué hacer, como imaginar un afecto, dejar que aparezca, que se genere la imagen. A través del lente veo primeros planos, planos generales, imágenes abstractas que forman los juncos, el agua, los árboles. Son bellas imágenes, es lo que buscaba. Buscaba lo que me estuvieron diciendo las imágenes, y las imágenes, a su vez, me señalaron lo que buscaba. Todos los sentidos alertas recibiendo signos, traduciendo signos en imágenes. Traduciendo imágenes en signos. Qué imágenes sugiere este afecto, este sentir. Desde las imágenes, desde los signos, desde los sentidos, desde el pensamiento, todo se expande, la mente se expande y celebra la unión de los afectos con los signos, con las imágenes, con la idea. Una felicidad inmensa. Una certeza.


3. a. Teresa Puppo y Gabriela Larrañaga, “Diálogo en Conexión” videoinstalación producida a través de un intercambio de correos electrónicos sobre nuestros vínculos comunes con el Río de La Plata, Buenos Aires-Montevideo, 2005



3. b. Teresa Puppo, “Micaela se fue a Paris” video en homenaje a Micaela Guyunusa, Montevideo, 2000

El exterminio de la etnia Charrúa sucede en el curso del año 1831, como resultado de la campaña militar emprendida por el entonces Presidente de la República Oriental del Uruguay, Brigadier General Fructuoso Rivera. Un grupo de mujeres y hombres escaparon a la muerte y fueron hechos prisioneros. En 1832 François de Curel obtuvo la autorización del gobierno uruguayo para transportar a Francia cuatro de estos aborígenes charrúas, entre los que se encontraba Micaela Guyunusa. Desembarcaron en Saint Malo el 7 de mayo de 1833. Fueron tratados como objeto de estudio antropológico y luego expuestos a la curiosidad pública en París y en ferias ambulantes. Micaela dio a luz a una hija el 20 de setiembre de 1833. Murió en Lyon, en el Hotel-Dieu, el 22 de julio de 1834, cama N° 9, a las 9 p.m. Se perdió el rastro de su pequeña hija.
 




3. c. Graciela Taquini, Teresa Puppo y Gabriela Larrañaga, “Secretos” tres mujeres junto al fuego entrelazan y revelan sus secretos, Montevideo, 2007

(*) ver texto de Kekena Corvalán en "Cruces y Colaboraciones, 1. b."