En el Museo Zorrilla


"Entrañable", una muestra de Teresa Puppo en el Museo "Casa de Juan Zorrilla de San Martín"/ Montevideo, agosto 2015





1. TEXTO CURATORIAL, por Gabriela Larrañaga 

Obras que conforman la instalación "Entrañable":

2. RETRATOS
3. MESA DE TRABAJO 
4. VIDEO "El ñandú come cosas brillantes"
5. INSTALACIÓN EN EL MUSEO 
6. DIBUJO EN GRAFITO sobre la pared, dimensiones variables   
7. AMBIENTACIÓN SONORA, Ricardo Pons (*)

(*) actualmente en montaje





1. TEXTO CURATORIAL, por Gabriela Larrañaga
ENTRAÑABLE se reveló como clave luminosa durante una conversación con Teresa Puppo, como tantas otras que conforman nuestro diálogo que continúa en conexión a lo largo del tiempo[1]. Esta palabra que enuncia y denuncia, se presentó fortaleciendo lo vertebral en su obra conformada por un cuerpo prolífero de producciones generadas a lo largo de tres décadas en el que podemos leer insistentes marcas y continuidades.

Lo “entrañable” se aloja en esa encarnadura invisible que enmaraña lo íntimo, lo  cercano, lo querido y fraternal, reservorio de fortalezas e intuiciones que son resguardadas para siempre; término que indudablemente liga a lo biológico, a las “entrañas” contenidas en las cavidades del cuerpo, y a otras entrañas que emergen de un territorio que en su condición de oculto aloja el misterio de lo que se gesta.

Teresa Puppo descifra zonas oscuras de la matriz familiar, emprendiendo una tarea que no carece de  valentía y  amorosa dedicación pues la necesidad de indagar en los orígenes y la identidad la recorre profundamente y como artista asume la tarea de ir por las señales que confirmen su certeza dentro y fuera de ese esquema primordial, operando en un sentido más amplio hasta llegar a nuestra historia rioplatense.

En esta oportunidad nos convoca al Museo Zorrilla a formar parte de lo que ella insiste en poner en cuestión: visibilizar lo invisible, des-ocultar, interrogar, reconstruir desde relatos cotidianos hasta las orillas de la memoria que a través de un variado despliegue procesual, como es habitual en su práctica artística y a modo de continuidad de su casa-taller nos presenta en la sala de exhibición de este sitio histórico.

Desde un principio Teresa tuvo la intención de elegir este escenario para su proyecto, como soporte para tensar ciertos modos más previsibles a los que nos tiene acostumbrados el arte contemporáneo. Pues no se trata de disponer piezas artísticas en un espacio inocuo para ser recorrido por un espectador automatizado. Sino de proponer que estar, observar, reconocer, promuevan una acción determinante en el proceso de mirar que repare en nuevas posibilidades de lo perceptible en torno a un sitio tan singular por el contenido de su acervo simbólico.

En ese sentido me interesa destacar el modo de trabajo que realizamos junto a Teresa Puppo en el desarrollo de esta curaduría colaborativa para trabajar en conjunto en la generación este proyecto, resignificando la relación curador-artista, transformándola en una apoyatura artista-artista, dislocando las estrategias a las que estamos acostumbrados a ajustarnos, acompañando los procesos de creación de sentido, y desde mi lugar, dispuesta a intervenir proponiendo enlaces, otras derivas.

Esencialmente acordando que un proyecto es al mismo tiempo un dispositivo mental desde donde formular modos de hacer,  y un conjunto de medios necesarios para llevarlo a cabo, y ala vez una plataforma porosa y receptiva para corroborar que el proceso sigue evolucionando mientras se acciona y se investiga.

Esta experiencia conlleva el atravesamiento de estados de certezas e incertidumbres, cruces y diagonales que traccionan con intención el proyecto. No hay dudas que las múltiples líneas que se entretejen son parte de su capital. Pues no se trata de limitar la necesidad de dar rienda suelta a la expresión de emociones o experiencias estéticas ligadas a la vida misma de la artista, sino de dar una visión que se mueva críticamente entre la superficie sensible de las obras y el despliegue cognitivo que exige su lectura. Redistribuir lo visible de un modo no predecible, ya que sabemos que el espectador posee una capacidad activa de interpretación. Es posible acercar otras poéticas que crucen fronteras desde lo que se entiende específico del lenguaje del arte, ya que en estas prácticas que lleva adelante Teresa trastoca esos lugares amalgamando literatura, filosofía, historia, antropología, permitiendo en esta muestra que sobrevuele un aire de hibridez interdisciplinar, desplegando una serie de pinturas, video, textos, dibujos, los registros de un viaje, mesa de documentación, encuentros y diálogos con invitados y un blog que funciona con sentido meta crítico del proyecto.

Estas producciones instaladas en el museo nos muestran sus límites, lo que todavía debe resignificarse a pesar de las certezas, reverberando aún más el sentido del Proyecto Entrañable, pues este no trata sólo delo que se ve o se escucha, sino lo que nos lleva a reconstruir e interrogar el caudal prepotente de lo que está ausente.

Este proyecto en progresión da cuenta de un estado de situación sin proponerse dar una visión conclusiva ni explicativa, pues el montaje podría ser variable, se podrían quitar o agregar piezas; se pretende considerar una variada búsqueda que encarne distintas materialidades que Teresa propone consciente y sensiblemente, sabiendo el riesgo que conlleva todo trabajo artístico que reivindique un posicionamiento crítico, disponiendo de un universo de quehaceres investigativos que permitan leer la obra como si fuera un texto que dé cuenta de una experiencia que inevitablemente  convoca y da pistas para imaginar y asociar.

Como me refería anteriormente, en el conjunto de la producción de Teresa Puppo se pueden leer insistentes tópicos que ella se dispone a enfrentar desde el arte como integrante de una generación teñida de desapariciones y luchas sociales.
Ha sabido continuar esas ideas comprometida a no relegar acciones y reflexiones de demandas sociales postergadas, investigando sobre cuestiones de género más allá de los espacios ya conquistados por la mujer, como así también sobre otras desapariciones: la de los pueblos originarios aniquilados en pos de la construcción de un Estado-Nación.

Cabe destacar que formula estos intereses en primera persona; solo desde ella es desde donde se dispone a cuestionar o a interpelar, como un ejercicio performático; ella es en las otras, como modo de ser reflejados en las fragilidades de la historia, poniendo su cuerpo donde otro cuerpo ha sido desaparecido, como en el video “Micaela se fue a París”[2] en homenaje a la etnia charrúa.

Bordando con calma y rigurosidad como un oficio ancestral, Teresa ha sabido enhebrar los tabúes familiares sondeando en los pliegues de lo no dicho, como en el video “Secretos”[3], en el que a modo anticipatorio, comparte y libera un secreto familiar junto a otras mujeres. Reconstruye lentamente su trama (¿trauma?) familiar, mientras pinta e investiga generando bellos y laboriosos retratos de las mujeres de su familia, en tanto indaga, sabe que en el acercamiento a los vínculos más estrechos está implícito necesariamente un modo de distanciamiento.

La figura de la abuela, ese ser entrañable del que sólo se tienen datos difusos sobre su origen, va a determinar que Teresa atraviese literalmente el espacio bidimensional de la escena pintada a modo de retrato familiar “Hija de su madre”[4], pieza singular dentro de esta serie de retratos de linaje matrilineal, como una posibilidad liberadora, pues este acto quizás el más audaz de todos, le haya permitido ya sin disfraces ser ella misma la que viaje en búsqueda de la geografía tantas veces imaginada en los relatos de su infancia.

Este viaje de exploración que compartimos por Córdoba y el sur de San Luis, y que planificamos como práctica artística, se reveló como un tiempo sin tiempo.

Teresa Puppo confirmó certezas, se apropió de su propia historia; todo le fue inherente, ya no tuvo incertidumbres, todo estaba allí para ser reconocido. La naturaleza, la sabiduría de Abuba, los primeros desaparecidos en las luchas intestinas, los invisibles, la descendencia, el dibujo de la mitocondria, la mujer como transmisora de conocimientos, la negación de los genocidios de los pueblos indígenas, los procesos de construcción de la nacionalidad, el esclavismo en América, los primeros desaparecidos como paralelismo con las desapariciones durante los años del terrorismo de estado.

Las piezas reconstruidas formaron una red afectiva resonando en un nuevo texto apócrifo como una verdad revelada desde el arte, pues las historias ya sabemos no son construcciones cerradas ni sesgadas, las seguimos reinterpretando hasta el presente.


Gabriela Larrañaga, 2015





[1] Teresa Puppo y Gabriela Larrañaga, “Diálogo en Conexión” videoinstalación producida a través de un intercambio de correos electrónicos sobre nuestros vínculos comunes con el Río de La Plata, Buenos Aires-Montevideo, 2005

[2] Teresa Puppo, “Micaela se fue a Paris” video en homenaje a Micaela Guyunusa, Montevideo, 2000

[3] Graciela Taquini, Teresa Puppo y Gabriela Larrañaga, “Secretos” tres mujeres junto al fuego entrelazan y revelan sus secretos, Montevideo, 2007

[4] Teresa Puppo, “Hija de su madre”, acrílico sobre tela, retrato de cuatro generaciones de mujeres, Montevideo, 201




2. RETRATOS


Los retratos se basan en fotografías, algunas son registros míos y otros del álbum familiar. Buscando retratos de mi abuela y de mi madre, encontré una fotografía que había hecho hacía unos años y decidí pintarla. A partir de esa fotografía pinto el cuadro “Hija de su madre”.
Los retratos llevan un proceso especial, son como un puzzle. Elijo una fotografía, luego la digitalizo, la manipulo con medios electrónicos, la imprimo sobre acetato, la proyecto y la dibujo sobre la tela. Luego la pinto, siguiendo el patrón de colores que elegí al manipularla. Es un trabajo minucioso, que realizo con pinceles  de acuarela, número 1 y número 0. Como quiero que los colores sean planos, no quiero texturas ni claroscuros, a cada mancha de  color le doy 3 o 4 capas de pintura.
Fotografías: Pablo Bielli

 

Hija de su madre, acrílico sobre tela, 180 cm  x 90 cm




Antonia, hija de Sabina, acrílico sobre tela, 74 cm  x 61 cm 

Blanca, hija de Antonia, acrílico sobre tela, 90 cm  x 80 cm 



Corina, hija de Blanca, acrílico sobre tela, 60 cm  x 50 cm 




Teresa, hija de Blanca, acrílico sobre tela, 60 cm  x 50 cm




Elena, hija de Blanca, acrílico sobre tela, 50 cm  x 60 cm

 


Inés, hija de Corina; Cleo, hija de Inés, acrílico sobre tela, 60 cm x 60 cm

 


Sofía, hija de Teresa, 60 cm x 83 cm
 



3. MESA DE TRABAJO 


Mesa de trabajo, fotos:




4. VIDEO "El ñandú come cosas brillantes"





El video muestra imágenes del paisaje del norte de la pampa. Imágenes que parecen suspendidas en el tiempo muestran un recorrido a través de árboles y flora nativa, ríos y lagunas. El audio, en cambio, nos revela la presencia de una mujer, una imagen evocada de una abuela que se incorpora a ese paisaje -su lugar de origen- por una voz en off que se repite y superpone, y que la traslada al presente por medio de la memoria de sus descendientes.







 



6. DIBUJO EN GRAFITO sobre la pared, dimensiones variables:






  
7. AMBIENTACIÓN SONORA, Ricardo Pons (*)